Uno de los principios educativos infantiles más importantes es el llamado pensamiento global. El niño durante toda su etapa infantil (desde el nacimiento hasta los seis/siete años) es un todo, una globalidad completa, como el belga Decroly (1871-1932) investigó como médico, psicólogo y pedagogo. Con ese todo cognitivo, (la “cabeza” para estructurarse), corporal (el cuerpo que siente frío o calor, por ejemplo) y emocional (emociones como la alegría o el enfado)  reacciona a su entorno de estímulos exteriores como son los sonidos, las imágenes, el lenguaje, el contacto corporal, la interacción social…. De esta forma global capta las interacciones que de él recibe.

Por razones prácticas, los educadores y los manuales de educación a partir de esta idea fundamental de globalidad fraccionan los conocimientos que se aprenden en la educación infantil como arriba-abajo, los colores, o las letras o números, sirva de ejemplo. Sin embargo, a la hora práctica de “enseñarlos” se facilita la aprehensión de dichos conocimientos mediante una percepción global como es el caso del aprendizaje de la lecto-escritura. La letras se muestran una a una, pero también las palabras y las frases de forma global, a través de imágenes normalmente.

Este video que corre por Internet donde vemos a un niño deletreando las letras del felpudo es un claro ejemplo de qué es la percepción global. El pequeño “sabe” todas las letras, las ha aprendido en el colegio porque se trabajan una a una, para reconocerlas y poder leerlas y escribirlas. Sin embargo su cabecita que es un “todo” completo las ha identificado muy bien, las ha deletreado sin ningún error además, pero además ha “visto” sensorialmente de un solo golpe visual que donde están las letras escritas es una alfombra. Así sin más, con su experiencia cotidiana de vida, de jugar y vivir, es capaz de reconocer el objeto y el concepto de “alfombra”. Probablemente no sepa el de “felpudo” porque es una palabra menos habitual para la vida de un niño pequeño, pero sí el de alfombra que es muy cotidiano para él.

Sin pensárselo dos veces, porque no lo relaciona todavía mentalmente con la letras aprendidas que acaba de nombrar, nombra directamente lo que sí que están viendo sus ojos en ese momento como un todo y de un golpe: ¡ alfombra !!!

Emilia Cádiz Inclán es doctora por la Universidad de Valencia (Filosofía y Ciencias de la Educación)

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