Una práctica muy beneficiosa

Marcianitos, hadas, jirafas, cocodrilos, hadas, superhéroes… Nuestra Carnival Party del pasado viernes estuvo marcada por la diversidad, la imaginación y la diversión. Por eso, aprovechando que estamos en días de Carnaval, creemos que es una buena ocasión para hacer una reflexión sobre los beneficios de disfrazarse en los niños más pequeños.

Y es que el valor pedagógico del disfraz está más que demostrado: estimula la creatividad y la imaginación, fomenta la sociabilidad entre los niños y crea nuevas vías de comunicación entre ellos y con el mundo.

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Contribución al desarrollo general

Efectivamente, en la vida del pequeño esta práctica produce efectos positivos en todos los sentidos. Los padres lo sabéis de sobra: cuando veis a vuestro hijo ponerse un disfraz, automáticamente se imaginan personificados en nuevas realidades y contextos, imaginan y adoptan nuevas características, inventa historias y situaciones…. En definitiva, da rienda suelta a su imaginación y pone en funcionamiento los conocimientos que tiene del mundo para construir él solito un mundo nuevo. ¡Y eso, lo creamos o no, es mucho trabajo! ¿O acaso a los adultos nos resulta fácil hacer lo mismo?

Emociones y sentimientos

Otros beneficios de disfrazarse, según los terapeutas infantiles, es que es un método estupendo para fomentar la expresión de sentimientos. El ejemplo más evidente es el de la timidez: cuando un niño es capaz de ponerse un disfraz divertido, extravagante e incluso ridículo se enfrenta a sus problemas de sociabilidad de forma rápida, sencilla y divertida. Esto, además, contribuye a superar sus miedos: por ejemplo, disfrazándose de fantasmas, monstruos o todo tipo de animales, perciben a estos seres de forma distinta.

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Generar empatía

Como sabemos, uno de los grandes objetivos educativos desde edades bien tempranas es el desarrollo de la empatía. Esta es una de las grandes virtudes que ayudan al niño a integrarse en la sociedad. Disfrazarse es jugar a ser otros, a ponerse en el lugar de los demás, a sentir como sus semejantes y a entender sus problemas y conflictos. Pero este ejercicio también conlleva, y esto es fundamental, reencontrarse consigo mismo. Y es que disfrazarse es un método estupendo para liberarse de los problemas y ser capaz de tomar perspectiva.

Fuente de aprendizaje

Finalmente, y como no podía ser de otro modo, el disfraz es una de las grandes fuentes de aprendizaje en la etapa infantil. Así es: colocarse un disfraz, jugar a ser otros a través del juego simbólico favorece la capacidad de abstracción, el trabajo con la memoria y el lenguaje.

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